Líderes de izquierda se reúnen en La Habana mientras los cubanos permanecen sin electricidad

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La cúpula castrista presidió los encuentros en los que, una vez más, se culpó a Estados Unidos de toda la crisis nacional

En momentos en que en Cuba se vive la más grave crisis económica y el régimen es señalado por Washington como principal patrocinador del extremismo de izquierdas, La Habana responde convocando a un encuentro internacional de partidos comunistas y organizaciones de izquierda de distintos países.

El evento se celebró en el Palacio de Convenciones de La Habana este fin de semana. La cúpula castrista presidió los encuentros en los que, una vez más, se culpó a Estados Unidos de toda la crisis nacional.

El mandatario Miguel Díaz-Canel reaccionó a las recientes informaciones sobre la creación por parte de la CIA de un grupo operativo dedicado a Cuba, como parte de una estrategia más coordinada de la Administración de Donald Trump para aumentar la presión sobre el Gobierno de La Habana. Según el gobernante cubano, se trata de una campaña de «guerra psicológica» y de «subversión digital» contra Cuba, que incluye «el financiamiento a mercenarios internos, las campañas de descrédito mediático y las redes de influencia que pretenden vestir de ayuda humanitaria».

Una apertura controlada

Asimismo, Díaz-Canel aprovechó el espacio para disipar las dudas en relación a las recientes medidas anunciadas por el régimen y que representan cierta apertura hacia el sector privado. El gobernante aseguró que estas transformaciones no conducirían a una transición al capitalismo ni supondrían una privatización amplia de la economía de la isla, sino que el Partido Comunista y el Estado seguirían ejerciendo el control: «Es un proceso para dinamizar la economía, no para instaurar capitalismo. No habrá privatización a ultranza».

El títere del castrismo defendió igualmente la existencia de un sistema de partido único, alegando que eso obliga al PCC a ser «cada vez más democrático y representativo».

Las declaraciones llegan en momentos en los que el régimen cubano se queda cada vez más aislado internacionalmente. Washington aumenta las sanciones contra el corazón de la mafia castrista, Gaesa, obligando a los principales socios extranjeros a abandonar la isla y dejando al régimen sin sus principales fuentes de financiamiento. En tanto, la dictadura pretende reactivar una economía devastada y maquillar el desastre con ciertas reformas.

EE.UU. aumenta la presión

La pasada semana el secretario de Estado de Estados Unidos, Marco Rubio, aseguró que la Administración de Donald Trump pretende cerrar cada mecanismo que el régimen cubano encuentre para evadir las sanciones y advirtió que la política de presión sobre La Habana continuará durante los próximos dos años y medio.

«Lo que estamos tratando de enseñarles es que no hay vías de escape», dijo Rubio en declaraciones a Axios. Rubio expresó además su confianza en que, al finalizar la actual Administración, Cuba se encuentre, «como mínimo», en una trayectoria irreversible «hacia un futuro diferente».

Rubio ha mostrado su confianza en que, al finalizar la actual Administración, Cuba se encuentre, «como mínimo», en una trayectoria irreversible «hacia un futuro diferente»

Entre las presiones de Washington y la intransigencia de La Habana, en la isla la situación es cada vez más crítica: los apagones sobrepasan las 72 horas continuas, las calles permanecen llenas de basura ante la falta de recogidas, proliferan virus y enfermedades para las que apenas hay medicinas, los hospitales están colapsados y sin recursos, y la alimentación es, cada vez más, un lujo. En los últimos días los cubanos denuncian escasez de productos básicos y el alza de los precios: una botella de aceite se cotiza en hasta 6.000 pesos (7,64 euros) y un cartón de huevos (30 huevos), en más de 6 euros. El salario medio en la isla es de menos de 9 euros.

Esta era la realidad en las calles mientras los medios de propaganda castrista mostraban -a los pocos que podían ver porque casi todo el país estaba sin electricidad- a alrededor de un centenar de partidarios reunidos en salones de protocolo bien iluminados y acondicionados.

En Manzanillo, provincia de Granma, los turistas ideológicos celebraban con música y alcohol, cuando en los alrededores las calles estaban apagadas: llevaban más de 5 días sin electricidad.

«Queremos una vida normal», expresó una cubana que observaba la celebración a oscuras junto a su madre y abuela de 86 años. El paraíso socialista de la izquierda internacional es la pesadilla de millones de cubanos.-

Imagen: EFE

Camila Acosta

Corresponsal en La Habana