Un Proyecto Divino

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P. Rafael María de Balbín:

El Catecismo de la Iglesia Católica nos ofrece en su primer número el despliegue del plan de Dios para el hombre:

<<Dios, infinitamente Perfecto y Bienaventurado en sí mismo, en un designio de pura bondad ha creado libremente al hombre para que tenga parte en su vida bienaventurada. Por eso, en todo tiempo y en todo lugar, está cerca del hombre. Le llama y le ayuda a buscarlo, a conocerle y a amarle con todas sus fuerzas. Convoca a todos los hombres, que el pecado dispersó, a la unidad de su familia, la Iglesia. Lo hace mediante su Hijo que envió como Redentor y Salvador al llegar la plenitud de los tiempos. En él y por él, llama a los hombres a ser, en el Espíritu Santo, sus hijos de adopción, y por tanto los herederos de su vida bienaventurada>> (n. 1).

Y, más adelante (nn. 293, 294 y 295), al hablar de la creación, explicita más estas verdades: <<Es una verdad fundamental que la Escritura y la Tradición no cesan de enseñar y de celebrar: «El mundo ha sido creado para la gloria de Dios» (Cc. Vaticano I: DS 3025). Dios ha creado todas las cosas, explica S. Buenaventura, «non propter gloriam augendam, sed propter gloriam manifestandam et propter gloriam suam communicandam» («no para aumentar su gloria, sino para manifestarla y comunicarla») (sent. 2,1,2,2,1). Porque Dios no tiene otra razón para crear que su amor y su bondad: «Aperta manu clave amoris creaturae prodierunt» («Abierta su mano con la llave del amor surgieron las criaturas») (S. Tomás de A. sent. 2, prol.)>>.

Y el Concilio Vaticano primero explica: <<En su bondad y por su fuerza todopoderosa, no para aumentar su bienaventuranza, ni para adquirir su perfección, sino para manifestarla por los bienes que otorga a sus criaturas, el solo verdadero Dios, en su libérrimo designio, en el comienzo del tiempo, creó de la nada a la vez una y otra criatura, la espiritual y la corporal (DS 3002)>>.

El mundo ha sido creado para la gloria de Dios: <<La gloria de Dios consiste en que se realice esta manifestación y esta comunicación de su bondad para las cuales el mundo ha sido creado. Hacer de nosotros «hijos adoptivos por medio de Jesucristo, según el beneplácito de su voluntad,  para alabanza de la gloria de su gracia» (Ef 1,5-6): «Porque la gloria de Dios es el hombre vivo, y la vida del hombre es la visión de Dios: si ya la revelación de Dios por la creación procuró la vida a todos los seres que viven en la tierra, cuánto más la manifestación del Padre por el Verbo procurará la vida a los que ven a Dios» (S. Ireneo, haer. 4,20,7). El fin último de la creación es que Dios , «Creador de todos los seres, se hace por fin `todo en todas las cosas’ (1 Co 15,28), procurando al mismo tiempo su gloria y nuestra felicidad»>>.

El misterio de la creación implica que el mundo ha sido creado por sabiduría y amor: <<Creemos que Dios creó el mundo según su sabiduría (cf. Sb 9,9). Este no es producto de una necesidad cualquiera, de un destino ciego o del azar. Creemos que procede de la voluntad libre de Dios que ha querido hacer participar a las criaturas de su ser, de su sabiduría y de su bondad: «Porque tú has creado todas las cosas; por tu voluntad lo que no existía fue creado» (Ap 4,11). «¡Cuán numerosas son tus obras, Señor! Todas las has hecho con sabiduría» (Sal 104,24 «Bueno es el Señor para con todos, y sus ternuras sobre todas sus obras» (Sal 145,9”)>>.

Dios crea “de la nada”: <<Creemos que Dios no necesita nada preexistente ni ninguna ayuda para crear (cf. Cc. Vaticano I: DS 3022). La creación tampoco es una emanación necesaria de la substancia divina (cf. Cc. Vaticano I: DS 3023-3024). Dios crea libremente » de la nada» (DS 800; 3025)>>.

<<¿Qué tendría de extraordinario si Dios hubiera sacado el mundo de una materia preexistente? Un artífice humano, cuando se le da un material, hace de él todo lo que quiere. Mientras que el poder de Dios se muestra precisamente cuando parte de la nada para hacer todo lo que quiere (S. Teófilo de Antioquía, Autol. 2,4)>>.-

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