Monseñor Lisandro Rivas: Ha llegado la hora de la reconstrucción

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El obispo Lisandro Rivas fue claro en su mensaje: la necesidad urgente de iniciar un proceso de cambios y reparación de nuestra sociedad. Se refirió a la realidad país, los pésimos servicios públicos, la libertad para todos los presos  político, la participación en comunidad, los bajos sueldos…

Monseñor Lisandro Rivas, 0bispo de la Diócesis de San Cristóbal, en la solemne misa concelebrada por los sacerdotes de la Vicaría Episcopal Santa María y de diversas comunidades parroquiales, en la fiesta de los 426 años de creencia hacia la Virgen de la Consolación de Táriba, envió un mensaje profético para nuestra nación, que debe ser escuchado y analizado por todos los tachirenses, por todos los venezolanos.

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Lo hizo en profunda comunión con la vida religiosa, grupos de apostolado, autoridades civiles, militares, sociales y el pueblo de creyente que se reunió en la Avenida 1 de Táriba.

Durante la homilía trazó un camino pastoral urgente bajo el tema central: “La hora de la reconstrucción: pasar de la desolación a la esperanza con María”.

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Hizo un perfecto recorrido por parte de la realidad país, la corrupción, la destrucción de las instituciones, la cultura del individualismo, la importancia de la familia como santuario de solidaridad, la educación tan importante para la reconstrucción y el sostenimiento del futuro de nuestro país, la crisis del sector salud, los bajos sueldos.

Sabe el obispo que la Iglesia debe convertirse en un hospital de campaña y en un taller de reconstrucción tendiendo puentes con las instituciones también responsables del bien común.

Monseñor Lisandro Rivas envió un mensaje profético a todos los tachirenses y llamó a que “no permitamos que nos roben la esperanza”. (Foto/Jehiely Galvis)

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La reflexión, la profecía, en siete ámbitos concretos

Lisandro Rivas fue claro en su mensaje: la necesidad urgente de iniciar un proceso de reconstrucción y reparación de nuestra sociedad.

“San Juan Pablo II nos recordaba que las estructuras sociales corruptas o injustas son el resultado del pecado personal acumulado, lo que él llamó estructuras de pecado”, dijo.

Agregó que “para reparar la sociedad debemos pasar de la desolación a la consolación con las manos unidas a María, analizando causas, efectos, desafíos y líneas de acción en siete ámbitos concretos de nuestra vida diocesana y nuestra vida social”.

Siete ámbitos, siete reflexiones

1/ La familia:

“La causa de desolación es el fenómeno de la migración forzada. Ha desmembrado el corazón de nuestros hogares. Las crisis económicas han obligado a padres, madres e hijos a cruzar fronteras, dejando una generación de niños, dejando atrás a cargos de abuelos cansados o ancianos en total situación de abandono.

La pobreza material presiona y desgasta las relaciones conyugales. El efecto se ve en los hogares fragmentados, heridas afectivas profundas en la infancia crisis de identidad, el desafío sostener los vínculos afectivos a la distancia y reconstruir la estabilidad del hogar tachirense, de la familia tachirense”.

2/ La sociedad civil:

El obispo Rivas llama al reconocimiento de la confianza y la organización ciudadana.
“La causa de la desolación, es la polarización  política crónica, el miedo social a lo a la libre expresión, y la apatía generalizada que surge al sentir que ninguna acción ciudadana puede cambiar la realidad, se ha impuesto el individualismo como mecanismo de supervivencia”.

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Aseguró que el efecto se ve un tejido social atomizado donde la participación comunitaria es escasa o se ha ido perdiendo. Llamó a la creación y el fortalecimiento de asociaciones vecinales legítimas.

3/ Las parroquias y comunidades eclesiales de base centro de comunión y misión.

Lanzó un llamado a los sacerdotes: “la causa de la desolación es el cansancio pastoral de agentes de evangelización que también sufren la crisis, la escases de recursos económicos para el sostenimiento de las obras de evangelización y la tentación de caer en una pastoral burocrática o de mero mantenimiento alejada de las periferias existenciales”.

El efecto se ve en las parroquias que corren el riesgo de convertirse en mero dispensadores de sacramentos debilitando las comunidades eclesiales de base como células vivas y transformadoras de nuestra sociedad.

4/Las cárceles y centros de detención:

“Las causas de la desolación en el hacinamiento crítico, el retardo procesal generalizado, las condiciones de falta de salubridad en los centros de reclusión preventivos y penitenciarios del Estado con la mirada indiferente o punitiva de una sociedad que deshumaniza al privado de libertad, al preso  político, al preso injustamente ajusticiado”.

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El sacerdote dijo que el efecto se ve en centros de detención convertidos en espacio de desagrada, de degradación humana y violencia, donde se destruye la esperanza y el futuro de los hombres.

Consideró que la línea de acción y de consolación es reorganizar y fortalecer una pastoral, carcelaria, que responda a estas necesidades.

5/La salud:

El quinto punto de su mensaje fue dirigido al sector salud. “La causa de la desolación es el colapso de sistema de salud pública, la escasez crónica de medicamentos, insumos y equipos médicos sumados a las condiciones laborales deplorables, salarios indignos y han provocado el éxodo masivo de profesionales de la medicina y de la enfermería”
Propone que la línea de acción está marcada por potenciar la pastoral de la salud, especialmente creada mediante el fortalecimiento de bancos de medicamentos parroquiales y buscando de manera solidaria cómo responder a nuestros hermanos que viven la desolación de una enfermedad inesperada.

6/ El sector educativo, semillero de esperanza y libertad intelectual:

Monseñor Rivas mostró parte de la realidad de este sector: el abandono presupuestario de las escuelas públicas y universidades que llevan a niños, adolescentes y jóvenes a perder la esperanza de construir un presente y un futuro que pueda marcar sus vidas para transformar la sociedad y los responsables del bien común a nivel gubernamental institucional, llamados al servicio común.

“La causa de la desolación es la subordinación de la gestión pública a los intereses de las ideologías partidistas o al beneficio económico particular. La falta de transparencia, la centralización asfixiante y la desconexión real con el sufrimiento diario del ciudadano de a pie”.

7/ Renovación desde el corazón:

Como la tablita de Táriba en 1600, la luz de la reconstrucción no viene de afuera, sino del Espíritu Santo que brota desde el interior de quien se humilla ante Dios.

En la peregrinación y en la misa pontifical se pidió la liberación de todos los presos políticos. (Foto/Jehiely Galvis)

Papel de la Iglesia

Monseñor Lisandro Rivas propone una línea de acción, marcada por la Iglesia, que manteniendo su independencia profética debe propiciar espacios de diálogo institucional exigente con las autoridades de todo nivel, presentando propuestas técnicas, éticas basadas en el bien común para unir esfuerzos y transformar las situaciones de desolación que golpean a nuestro pueblo con acciones de consolación que transforman la vida plena a nuestros hermanos y hermanas.

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Sabe el obispo que la reconstrucción de nuestra sociedad tachirense no es una utopía inalcanzable y despende exclusivamente de un cambio de leyes o de economías.

“En las venas de nuestro pueblo corre la sangre de hombres y mujeres de fe, de trabajadores incansables, de sabios, de agricultores que con sus manos benditas dan la tierra para alimentar a media Venezuela”, al referirse a los trabajadores del campo.

Llamó a todos a que no permitamos que nos roben la esperanza. “No dejemos que el dragón del desánimo, del egoísmo o del odio, de la división se adueñe de nosotros, de nuestras comunidades, de nuestro pueblo de Dios, fiel y creyente”.

“Hagan lo que él les diga y lo que nos dice. En este momento histórico de nuestra Diócesis es claro: vayan a las esquinas desoladas, curen las heridas de los corazones rotos, reconstruyan las familias, defiendan los derechos de los privados de libertad, de los presos  políticos, defiendan la verdad en las escuelas, en la justicia a las cárceles, compartan el pan en las parroquias y exijan con valentía el bien común”, sabías palabras de despertar para todos los venezolanos.

“Caminemos juntos bajo su amparo maternal, que el santo Cristo de la grita, nuestro rostro sereno de la montaña y nuestra señora de la consolación de Táriba, la madre que enjuga nuestras lágrimas y en nuestros pasos en este itinerario de reconstrucción y reparación”. –

José Luis Guerrero/La Nación